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Así están cambiando tu vida los selfis

Así están cambiando tu vida los selfis

Hasta hace poco, los selfis eran vistos como una mera curiosidad por la ciencia, pero a partir de 2017 empezaron a tomarse el fenómeno en serio. A la investigadora Jennifer R. Sedgewick, por ejemplo, se le ocurrió acudir a Tinder. Porque si hay un lugar donde se encuentran autofotos a manos llenas, pensó, es sin duda la aplicación de citas más usada en el mundo.

El quid de la cuestión para Sedgewick, de la Universidad de Saskatchewan (Canadá), era descubrir preferencias en la composición de los autorretratos. Y lo que encontró fue que el 50 % de ellos son frontales. La otra mitad se toman con cierta inclinación, pero mientras los hombres acostumbran a situar la cámara por debajo de la cara, para parecer más altos y poderosos, las mujeres se los hacen desde arriba.

Por su parte, Lev Manovich, de la Universidad de Nueva York, se centró en el otro gran almacén de selfis: Instagram. Al analizar imágenes tomadas en seis ciudades muy diferentes del mundo –São Paulo, Nueva York, Berlín, Moscú, Bangkok y Londres–, comprobó que existe una tendencia universal a colocar la cámara en el lado izquierdo del rostro. Lo que es aún más interesante: las instantáneas hechas con esa orientación tienen más intensidad emocional. ¿Casualidad? Nada de eso. recordemos que el hemisferio derecho del cerebro está especializado en la expresión de las emociones, y, como el cableado neuronal está cruzado, la mitad izquierda del rostro humano resulta ser la más expresiva.

Te crees más guapo de lo que eres

Al final, por más vueltas que le des, lo raro es que te veas guapo en la pantalla. Nadie es fotogénico, dicen los científicos. No nos falla la vista, ni tampoco la fisionomía, sino la memoria, según han demostrado en la Universidad de Keio (Japón). Porque la imagen de nosotros mismos que archivamos en el cerebro lucimos mucho más guapos y atractivos de lo que somos en la realidad. Con los ojos más grandes, incluso. Y este optimismo hace que, por buena que sea la foto, difícilmente supere nuestras expectativas.

Todo esto está muy bien, pero ¿qué hay de las consecuencias? ¿Nos afecta el bombardeo de selfis? “Es una buena pregunta —responde el profesor Nicola Bruno, neurocientífico de la Universidad de Parma (Italia). Y añade—: Existe cierta tendencia a hablar del fenómeno como una manifestación suprema del narcisismo y de la obsesión con el ego de la sociedad moderna. Incluso se publicó una noticia falsa que hablaba de la selfitis, que era definida como una psicopatología obsesivo-compulsiva que implicaría hacer y publicar autofotos a todas horas”. Se refiere a que en 2014 corrió el bulo de que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría estaba considerando incluir como trastorno la obsesión por sacarnos instantáneas a nosotros mismos. Hubo quien, a raíz de la noticia, se lo tomó tan en serio que creó incluso una escala de los niveles de la manía en función de si una persona se autorretrataba tres, seis o más veces al día.

Tu propia campaña de marketing

“No es un fenómeno sociocultural homogéneo. Los selfis se hacen por muchas razones: para compartirlos con todos los internautas del mundo, para tu grupo familiar de WhatsApp o para verlos tú mismo”, matiza el neurocientífico italiano. Meter todos los autorretratos en el mismo saco es absurdo. “La única generalización que cabe hacer es que impactan en las interacciones interpersonales y en la autopercepción, y que los científicos queremos saber cómo”.

Sarah Diefenbach pone de relieve la diversidad de motivaciones. Esta psicóloga alemana de la Universidad de Múnich nos cuenta que, tras realizar una serie de experimentos, ha comprobado que muchas veces hay deseos de autopromoción. “Usamos los selfis para hacer campaña de nuestras mejores virtudes, expresar nuestras ideas, compartir un momento íntimo con el resto del mundo y ganarnos la simpatía de los demás”, nos explica. Con la ventaja de que, si bien en ocasiones la autoestima no sale bien parada, “aumentan nuestra sensación de independencia, porque ya no necesitamos a nadie para hacernos una foto. Y de conexión, pues mandar nuestros retratos a otras personas nos hace sentir más cerca de los demás”.

Fuente: muy interesante

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