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Consejos para acabar con el dolor cervical

Consejos para acabar con el dolor cervical

Quién no ha sufrido alguna vez en la vida un dolor en la zona del cuello. Se trata de un problema muy habitual ya que no sólo está vinculado con la realización de movimientos bruscos o incorrectos, sino también con otros muchos factores como el estrés, el peso excesivo de mochilas o bolsos e, incluso, en el caso de las mujeres, con la mala elección del sujetador.

La Organización Mundial de la Salud describe el dolor cervical como “aquel conjunto de signos y síntomas que alteran el normal comportamiento de las estructuras localizadas en la región del cuello, donde se encuentras las vértebras cervicales, ocasionando trastornos en el sistema musculoesquetético y en el tejido conectivo.

Tal y como señala Xavi De Miguel, fisioterapeuta en Fisio Zaragoza y responsable del Área de Dolor Cervical y Orofacial, “nos podemos encontrar dolor cervical causado por disfunciones articulares de origen degenerativo osteoarticular, tensiones musculares o alteraciones neurológicas de la misma región, entre otras”.

Aunque puede ser “un dolor referido de regiones adyacentes, como la columna dorsal, el hombro o la región mandibular”, lo más habitual es que el paciente acuda al médico “por un componente muscular”.

Si ha tenido un dolor cervical antes, sabrá que los síntomas son, fundamentalmente “tensión muscular, acompañada de rigidez en los movimientos articulares, sobretodo ante giros o rotaciones y flexión”. En ocasiones, como apunta  De Miguel, “los pacientes pueden referir cefaleas, náuseas o dolores radiculares que pueden bajar hasta las manos” y tampoco es extraño que tengan dolores “en la zona mandibular y facial”.

¿Qué posturas producen más dolor de cuello?

Para prevenir el dolor cervical es importante conocer qué movimientos, ejercicios o posturas pueden producirlo. “Teniendo en cuenta que el entramado muscular que conecta esta zona con el tórax es considerable, todo aquel movimiento de la cabeza que la desplace fuera de su posición de reposo respecto a la vertical pueden provocar una alteración de los síntomas y, por tanto, cervicalgia”, informa De Miguel.

Con esta descripción, se puede decir que pueden producir dolor de cuello todas aquellas tareas o ejercicios que conlleven una posición adelantada de la cabeza.

Aunque también es importante tener en cuenta que “el aumento de las cargas de trabajo y/o el mantenimiento constante de un tono muscular elevado también pueden desencadenar el dolor”.

Consejos posturales

Para la prevención del dolor cervical, Antonio García Quintáns y  Rosendo Bugarín González, ambos médicos de atención primaria del Servicio Gallego de Salud, ofrecen consejos sencillos que podemos poner en práctica ante las actividades diarias que realizamos:

  • Dormir: A la hora de dormir se deberá mantener una posición recta del cuello. Si la persona duerme boca arriba, la almohada deberá ser baja y si duerme de lado, sobre un hombro, deberá ser un poco más alta, lo suficiente para que el cuello permanezca en una posición horizontal.
  • En la oficina: Si estamos sentados con una mesa del trabajo delando, procuraremos sentarnos delante de la mesa de trabajo que la silla esté próxima a ella, de esta forma evitaremos tener que inclinarnos hacia adelante. También es importante que el tamaño sea adecuado a la estatura y evitar las mesas bajas que obligan a permanecer encorvado. Es importante, además, evitar sentarse en el borde del asiento, ya que deja la espalda sin apoyo, y no se siente inclinando o con el peso hacia un lado, y los asientos blandos, los que no tengan respaldo y aquéllos que nos quedan demasiado grandes o pequeños.
  • Estar sentado: Se recomienda sentarse en sillas altas, con respaldos rectos. Es importante evitar los sofás excesivamente blandos y hay que sentarse siempre recto, con la espalda bien apoyada en el respaldo, y no en el borde de la silla o con el tronco girado. Si la persona debe permanecer sentada durante mucho tiempo, se recomienda el uso de asientos anatómicos, con una pequeña curva a nivel lumbar y  utilizar asientos con reposabrazos, o apoyar los brazos sobre la mesa. El uso de un reposapies en el suelo y de reposacabezas en el coche sería lo ideal.
  • Subir y bajar objetos: Para realizarlo correctamente, hay que agacharse flexionando las rodillas, con la espalda recta y elevar el peso llevando la carga lo más cerca posible del cuerpo. Nunca hay que coger pesos con la espalda flexionada y para transportar objetos, se deberán colocar lo más cerca posible del cuerpo. Si es posible, se deberá repartir el peso entre las dos manos y usar ayudas para el transporte como maletas con ruedas o un carro de la compra. Para finalizar, será preferible empujar el objeto o carro hacia delante, que llevarlo arrastrado o tirar de él.
  • Llamadas de teléfono: Es importante no coger el teléfono entre un hombro levantado y la cabeza inclinada hacia ese lado ya que esto produce contracturas y dolor, y sostener el teléfono sólo con la mano o usando un auricular con micrófono.

Bolsos, mochilas y… sujetadores

Además de las malas posturas, otro de los causantes del dolor cervical son las mochilas o los bolsos utilizados de forma incorrecta o con el peso inadecuado. “El aumento de peso en uno de los lados de la columna puede provocar el desequlibrio muscular y alterar el centro de gravedad del cuerpo”, detalla De Miguel. Éste, añade, “actuará para reequilibrarse, aumentando más el tono muscular de otros músculos clave para el cuello como es el trapecio”.

Por este motivo, es recomendable no llevar pesos elevados en bolsos y “colocarlos de modo que acerquemos lo máximo posible la carga al centro del cuerpo”, incide De Miguel. En el caso de las mochilas, “éstas deberían llevarse con dos asas y, a poder ser, atadas con una cinta a la altura de la cintura para evitar que se mueva el peso en exceso y  con una colocación de los libros dentro”, aconseja.

En cuanto al peso de las mochilas de dos asas, “éste no deberá superar el 15 por ciento del pesode la persona y en el caso de los bolsos, el 10 por ciento”.

Pero no sólo las mochilas y los bolsos pueden perjudicar las cervicales. Es el caso de las mujeres y el sujetador. En opinión de Del Valle “es importante hacerles comprender la importancia de una correcta elección de los sujetadores, que deberían mantener el pecho firme y estable, mejor si son cruzados y con tiras anchas”. Esto equivale a una correcta sujeción “que disminuirá un tono excesivo de la musculatura pectoral evitando un desplazamiento anterior de los hombros”, describe. La elección de las tiras anchas es importante porque “se clavarán con menos consistencia sobre los trapecios, evitando que los vectores de fuerzas tensionales ascendentes hacia el cuello se vean alterados y provoque mayor dolor”.

Tratamiento y ejercicios

Si ya es tarde para aplicar estos consejos y el dolor cervical se ha producido, el siguiente paso será acudir al médico de atención primaria o al especialista para que ponga una solución en forma de medicamento o de ejercicios físicos. “Comúnmente se recomendarán analgésicos o antiinflamatorios”, señala De Miguel.

En cuanto a las medidas no farmacológicas se podrán dividir en pasivo y activo. El primero “se encargará de utilizar todas las técnicas que deberían regular el dolor y el tono muscular alterado, como son las terapias manuales, la masoterapia, la punción seca, la electroterapia o la termoterapia”.

El activo, por su parte, “se encargará de normalizar los gestos funcionales alterados, normalizándolos sin que apareciera dolor, utilizando ejercicio terapéutico, técnicas miotensivas o terapias de visualización de movimientos”.

En cuanto a los ejercicios que se pueden recomendar: “Serán aquellos con movimientos cervicales que puede realizar el cuello, pero siempre dentro de los rangos de movimiento de amplitud sin dolor”. En este campo entrarían flexiones, extensiones y rotaciones. El objetivo de estos ejercicios es “la recuperación del movimiento” y “se deberían recomendar para realizar en casa en lugar de la inmovilización para evitar la kinesiofobia o miedo al movimiento por temor a que duela”.

¿Frío o calor?

En ocasiones, ante dolores de este tipo surge la duda de aplicar calor o frío. De Miguel cree que es bueno utilizar la “termoterapia, pero lo recomendable es que un profesional diagnostique la causa para que recomiende si hay que aplicar frío o calor”.

Tras este consejo, De Miguel informa: “Habitualmente recomendaremos más calor que hielo y la razón es que el calor realiza una función vasodilatadora del sistema circulatorio y beneficia la zona al crear una hipertermia que provocará una distensión de las fibras musculares, además del efecto relajante de las temperaturas elevadas”.

Por el contrario, si existe inflamación o un dolor excesivamente grande “se recomendará hielo por su efecto anestésico”.

Fuente: Ciudateplus

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