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El tamaño sí importa

Sabado 28 abril 2012, (puntomedio).- Dicen que los gordos viven felices. Pero en materia de relaciones sexuales, esto es un mito. Para que una mujer obesa tenga buen sexo no sólo se necesita de un hombre sin prejuicios, sino también de que ella acepte su cuerpo y no se inhiba con su gordura.

Si bien hombres y mujeres con sobrepeso tienen sus propias limitaciones cuando enfrentan su sexualidad (o cuando no lo hacen), son ellas las que más frecuentemente sufren porque el preámbulo del sexo es la atracción, y la vista es su sentido predilecto. La era de la ‘globesidad’ es la máxima provocación de la delgadez: cuantas más personas gordas hay, mayor es la obsesión por bajar de peso, y en medio de esa paranoia desparramada, la vergüenza, la baja autoestima, la rabia, el temor al rechazo, la culpa y la inhabilidad física suelen ir a la cama.

“Siempre estamos con una Barbie en la mano, en esa cultura vivimos. Es un referente muy insano y hay muchas mujeres que, al no poder alcanzarlo, no pueden tener placer sexual. La gordura es una necesidad de protección permanente y, al mismo tiempo, una necesidad de agredirse. El porqué es autodestrucción y el para qué es protección”, explica la sicoterapeuta Beatriz Uprimny, para quien es claro que no se puede disfrutar de la sexualidad cuando no se quiere el propio cuerpo.

En aras de no ser vistas ‘así’, muchas mujeres evitan los encuentros eróticos, hasta el punto de reprimir su líbido, especialmente aquellas que eran delgadas y luego engordan cinco, diez o quince kilos más allá de su peso ideal. En otros casos, la gordura se convierte en un mecanismo de defensa para evadir el sexo y los vínculos afectivos, como una mujer que se engordó para no serle infiel a su esposo u otra que lo hizo inconscientemente para evitar al marido y no recordar el abuso sexual del que fue víctima cuando niña.

Pero hay otras mujeres, en especial las que siempre han sido gordas, que viven una sexualidad muy placentera y estimulante cuando hallan una pareja que las acepta como son. Según el sexólogo Álvaro Poveda, las mujeres obesas son muy cordiales y con una ‘chispa’ que las lleva a buscar el jugueteo, los bailes, la estimulación manual o el sexo oral; buscan más la actividad erótica en la relación y no tanto la penetración, aunque ésta llega usualmente por petición del hombre. Son mujeres que toman la iniciativa y se desnudan sin recato.

Límites de la carne y juegos de la mente

Tener mayor masa corporal determina que en el sexo el tamaño sí importe. La grasa acumulada en los muslos forma irritaciones molestas que al desnudo provocan vergüenza; además, las obesas deben subir su abdomen para permitir la penetración. Por esto, las posiciones más recomendables son la de ella arriba y él abajo, o ella recostada al borde de la cama y él de pie.

Las relaciones sexuales en condiciones de sobrepeso pueden aumentar la presión arterial, ocasionar fatiga más rápidamente y restringir la movilidad. El calor y el sudor causan que en los pliegues de grasa, especialmente en los obesos mórbidos, se acumulen bacterias y se produzca mal olor. El hipotiroidismo también podría implicar una disminución del deseo sexual, pero detrás de esto se esconde algo más poderoso: la mente. “Los niveles hormonales son importantes, pero mucho más importantes son la estimulación y la aceptación del estímulo, así como la actitud frente a lasexualidad”, dice Poveda.

Precisamente por su actitud, Laura*, cuya silueta es de modelo, rechaza los encuentros eróticos. Su gordura es mental y le ha generado un complejo con su cuerpo: “Me siento gorda; mira estas llantas —dice señalando su cintura y tratando de formar consu piel un rollo para demostrarlo—. Cada vez que mi novio quiere hacer el amor, trato de evadir la situación inventándome algún plan.

Cuando inevitablemente sucede, me mortifico mucho pensando en que no se me vean los gordos”. Pero hay mujeres que sí son o han sido obesas y que viven su sexualidad sin problemas. “Cuando estaba gorda era terrible: tenía la autoestima por el suelo. No quería encontrarme con nadie. Pero en mis relaciones sexuales sentía placer y no había inhibiciones porque tengo un esposo muy comprensivo. Él me dio toda la seguridad. Lo hacíamos en la cocina, en la sala, en la cama, con la luz prendida… Yo me ponía tangas y pijamas bonitas porque él me hacía sentir seductora”, recuerda Ana.

Su caso refleja lo que especialistas y mujeres en su misma condición dicen: tener al hombre adecuado es fundamental. “Si el hombre es amoroso y dulce, puede ser muy sanador para ella”, explica Uprimny. Por supuesto, siempre será más sano para el cuerpo y el espíritu conservar una figura equilibrada.

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