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Felicidad igual a 300% de mayor productividad empresarial

Felicidad igual a 300% de mayor productividad empresarial

En el mundo existen empresas que aplican el concepto de felicidad como estrategia, motivan a sus colaboradores y logran cerca del cien por ciento de satisfacción de sus usuarios.

Hay otras que llegan a proponer sumas importantes para que sus empleados renuncien, algunas más ofrecen a su personal tiempo libre dentro del horario laboral o las que formulan espacios para la innovación y desarrollo, sin presiones y con libertad absoluta.

Todas ellas tienen un común denominador: son productivas y marcan un referente. Y es que la felicidad no es asunto de caras sonrientes y gente brincando, es cuestión del uso de capacidades basadas en dos conceptos claros: la perfección y la voluntad, características que surgen internamente, son permanentes y siempre basadas en decisiones.

En resumen, la felicidad no es un tema de búsqueda, es un asunto de descubrimiento. Así lo puntualizó Alejandro Andrade, coach en felicidad personal y empresarial durante el primer Hangout de Alto Nivel.

El especialista abundó sobre la felicidad empresarial que, sin duda, es un elemento clave para la productividad, “aunque es un tema viejo para filósofos y poetas, actualmente se respalda científicamente para dedicarlo a la empresa. Curiosamente es de gran importancia en Europa y Estados Unidos, con el auge de la psicología productiva, pero incipiente para México”.

“La felicidad no sustituye nada pero lo complementa todo, es una fuente de sustentabilidad y de crecimiento sostenible y aunque se dirige a personas, impacta directamente en las empresas”.

Dentro de las estadísticas se dice que el 96% de los colaboradores se siente afectado por su trabajo, el 77 está insatisfecho, mientras que el 40 odia lo que hace y el 85 desearía estar en otro empleo. Al aplicar esta estrategia, está comprobado que se puede alcanzar hasta el 300% de incremento en productividad.

Entonces, para Alejandro Andrade la felicidad “es una experiencia personal que nace en mí. Entonces, la cabeza de la compañía debe permitir la autogestión del colaborador, es decir, cada quien debe hacer lo ordinario libre y soberanamente; claro, también debe conocer el propósito, el para qué hace tal o cual cosa, debe sentirse escuchado”.

Quizá lo más importante es lograr la autogestión y es que cuando un jefe tiene que estar involucrado en lo ordinario, el problema es grave, porque los ejecutivos destinan el 80 por ciento a dicha tarea lo que impide el espacio para la creatividad.

Entonces, la clave es ofrecer herramientas y condiciones para lograrlo, comenzar por algo pequeño, por una persona, y de ahí gestionar la felicidad hacia el grupo, ya que es cuestión viral, es notorio que si hay pequeños cambios de actitud y los colaboradores saben el porqué de estos cambios, lo entienden y asumen los aspectos fundamentales. Podrán experimentar y transmitir felicidad, traducida en productividad.

Un colaborador feliz…

Se queja menos, propone más, es parte de la solución, se adapta a los cambios, colabora, es creativo e innovador, trata bien a los demás, es optimista, hace más con menos, fundamentalmente aman lo que hacen y no solamente van por un cheque sino por un proyecto de vida.

Un colaborador infeliz…

Es aquel que deja para después lo que debería estar haciendo ahora, la gente está constantemente distraída y no hace lo realmente productivo; es aquella que presenta “depresión dominguera” contrario a lo que siente los viernes por la tarde.

La gente solamente se enfoca en cuestiones económicas, no tiene otros elementos de atracción, le da igual lo que suceda, se molesta con facilidad, e incluso tiene problemas de salud.

Alcanzar la felicidad empresarial significa tener gente generosa, agradecida, que disfruta lo que tiene y se aplica a los cambios radicales, a crear ambientes positivos. Entonces el crecimiento es natural. Como colaborador no debo esperar a que mi jefe me reconozca, ya que cuando hago las cosas por mí, porque yo me valoro, entonces la cuestión se empieza a cambiar, ya que lo bueno se hace hábito y el buen hábito cambia a la persona de manera radical.

Fuente: Patricia Retana / Alto Nivel

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