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Gigantescos montículos de tierra creados por termitas en Brasil

Gigantescos montículos de tierra creados por termitas en Brasil

Roy Funch, un botánico estadounidense que lleva décadas viviendo y trabajando en el noreste de Brasil, observó durante mucho tiempo los enormes montículos de tierra en la distancia con curiosidad.

¿Qué los construyó? ¿Cuántos había? ¿Cuánto tiempo llevaban ahí?

Tras años intentado generar interés en las formaciones sin éxito, un encuentro casual con un inglés experto en insectos sociales, Stephen Martin, derivó en notables descubrimientos: hay más de 200 millones de montículos construidos por termitas en una zona de unos 230,000 kilómetros cuadrados (88,800 millas cuadradas), aproximadamente el tamaño de Gran Bretaña.

Enormes montículos de tierra en Brasil construidos por termitas. (AP)

Y algo más, algunos de ellos tienen casi 4,000 años.

“Mientras los romanos construían sus columnas, sus edificios, estas termitas estaban construyendo sus montículos”, señaló Funch, añadiendo que las acumulaciones de tierra representan la mayor bioconstrucción de cualquier especie más allá de los humanos.

Las formaciones, vistas en varias zonas de una vasta región desértica llamada Caatinga, tienen entre dos y cuatro metros (de seis a 13 pies) de alto y están separados por una distancia casi similar, entre 16 y 22 metros (de 52 a 72 pies).

Las formaciones en una vasta región desértica llamada Caatinga, tienen entre dos y cuatro metros de alto. (AP)

Para los terratenientes que limpian los arbustos para plantar cultivos, su presencia es una molestia. Derribarlos es complicado porque, tras años al sol, la tierra y la arcilla están duras como piedras. La gente más pobre de la zona emplea trozos de estos montículos para construir casas de adobe.

Funch contó que escribió dos artículos sobre los montículos en publicaciones brasileñas que no lograron atraer la atención. Sin experiencia en insectos ni en el mundo de las publicaciones científicas, no estaba seguro de cómo llevar su investigación al segundo nivel.

Preguntar a la gente local no ayudó.

“Algunos dirían que son termitas, otras hormigas y otros ‘Bueno, siempre han estado ahí, son parte de la naturaleza”, señaló Funch.

Entonces entró en escena Martin, un entomólogo de la Universidad de Salford en Gran Bretaña. Hace unos años, Martin estaba en el noreste de Brasil estudiando abejas y hormigas en el estado de Bahía cuando, a él también, le llamaron la atención los montículos.

“Estaba intrigado por sus patrones”, apuntó.

Por casualidad, Martin y Funch se conocieron cerca de un río en Lençois, una pequeña ciudad del estado de Bahía a unos 50 kilómetros (30 millas) al oeste de la zona de los montículos.

Cuando Martin mencionó haber visto las elevaciones mientras viajaba por la zona, Funch le respondió: “Acaba de conocer a la única persona en Brasil que está trabajando en ellos”.

Se asociaron y su pesquisa se publicó el pasado 19 de noviembre en Current Biology.

La pareja concluyó que los montículos fueron construidos por syntermes dirus, una especie de termita de gran tamaño que se alimenta de hojas y vive bajo tierra. Aunque en la zona hay termitas, los investigadores no las encontraron trabajando activamente en las enormes acumulaciones de tierra, sino en los límites de donde se ubican.

Los montículos fueron construidos por syntermes dirus, una termita de gran tamaño que se alimenta de hojas y vive bajo tierra. (AP)

Tras cortar varias de las construcciones, hallaron solo un pequeño orificio en forma de tubo para subir hasta lo más alto de ellas, no un extenso patrón de túneles. Esto sugiere que las termitas buscaban simplemente un lugar donde depositar la tierra que sacaban del subsuelo, donde construyen sus túneles.

“Esto son solo montones de residuos”, apuntó Martin. “En circunstancias normales no los veríamos porque no persistirían durante tanto tiempo”.

En otras zonas más húmedas donde vive también esta especie, como en la Amazonía, los montículos sufren la erosión de la lluvia y el viento. Pero en la ecorregión de Caatinga llueve apenas unas semanas al año. Los matorrales propios de la vegetación del desierto los cubren y camuflan en grandes partes, una de las razones por las que estaban escondidos a simple vista.

Según Funch, las mejoras en las imágenes de Google Earth en los últimos años les ayudaron a comprender el alcance de las formaciones con un mapeo especial.

“Los montículos continúan sin fin en todas las direcciones”, dijo Funch, que llegó a Brasil como voluntario del Cuerpo de Paz en 1977 y se quedó.

Las formaciones son también muy antiguas. Pruebas radioactivas determinaron que tienen entre 690 y 3,820 años.

“Podría haber habido una termita gigante (que levantó los montículos)”, bromeó Luciano Oliveira, un vecino que vive en una casa construida con tierra sacada de una de esas construcciones. “Nadie lo sabe”.

Mientras muchos consideran a las terminas como una plaga porque algunas especies se alimentan de madera, y por lo tanto de casas, estos insectos sociales son también unos de los mejores ingenieros, construyendo vastas redes de túneles subterráneos y enormes montones de tierra.

Un periodista que acompañó a Funch a observar a los insectos en acción vio termitas soldado de casi 1.3 centímetros (media pulgada) de largo y con grandes pinzas haciendo guardia mientras ejemplares más pequeños recolectaban hojas muertas y las cortaban en trozos más pequeños, realizando un sonido de “click, click, click” mientras trabajaban. Al apuntarles con una linterna durante unos segundos, se escurrieron por pequeños agujeros.

Rob Pringle, un profesor de biología en la Universidad de Princeton que ha estudiado las termitas y sus montículos en Kenia, Mozambique y Namibia, señaló que los enfrentamientos entre colonias podrían generar patrones en los montículos que elaboran.

El hecho de que el estudio de Brasil hallase que los insectos no se enfrenan a menos que sean de colonias separadas por varios kilómetros supone que quedan cosas por descubrir acerca de la creación de este tipo de patrones.

Funch y Martin apuntaron que todavía queda mucho por investigar.

Entre las principales dudas están: ¿Por qué los montículos no parecen tener colonias activas debajo? ¿Qué provoca el espaciamiento uniforme? ¿Cuánto tardaron las termitas en construir los montículos más grandes?

“Estos son templos mayas y los locales sabían que estaban aquí”, agregó Funch. “Pero el ojo crítico de la ciencia está empezando aún a descubrirlos”.

Con información de AP.

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