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“Habrá voto diferenciado” por: Mario Arturo Mendoza Flores

Mario Arturo Mendoza Flores

Por: Mario Arturo Mendoza Flores

Dada las circunstancias políticas que los ciudadanos hemos comenzado a ver a tan sólo unas semanas de iniciadas las campañas electorales, resulta fácil proyectar que para la elección de Presidente de la República, Senadores y Diputados Federales la ciudadanía emitirá su voto en forma diferenciada. Y es que al ver cómo las ideologías han pasado a un segundo término, por lo que sin el menor decoro los aspirantes abandonan su partido de izquierda para competir ahora en uno de derecha y viceversa, o al analizar los perfiles de cada uno de ellos y descubrir que no garantizan lo que como ciudadanos demandamos, o al observar que se rodean de personajes que lejos de generar la confianza del ciudadano producen enojo y descontento, o al detectar a candidatos que no nacieron en el distrito o en el estado en el que solicitan el voto y que sustituyen su falta de cercanía con la población con en evidente dispendio de recursos, al elector no le queda más qué pensar muy concienzudamente a quién le entregará su voto.

De entrada el voto duro de los partidos resulta insuficiente para ganar cualquier elección, más cuando han sido los propios institutos políticos y sus “militantes distinguidos” los que con su actuar han generado una tremenda confusión entre los votantes.

Y es que sorprende el ver al que antes fue dirigente de un partido político apoyando ahora la candidatura de un aspirante que pertenece a otro distinto; o el personaje que teniendo una trayectoria de por vida identificada con tal o cual color, hoy se pasa al partido del cual era opositor; o qué decir del que se rodea de gente que siempre le estuvo poniendo obstáculos al proyecto que dice enarbolar y de paso relega a quienes trabajaron en dicho proyecto. Ni qué decir del candidato que en privado pide el voto para su candidatura, pero da instrucciones para que a la diputación se apoye a otro de distinto partido y para Presidente de la República se elija al “que quieran”. Por eso es que sostengo que el próximo 1 de julio habrá voto diferenciado. ¿Pero qué es el voto diferenciado?, le explico.

Hasta hace algunas décadas, la ciudadanía emitía su voto en función a una identidad ideológica con los principios y colores de su partido, se sentía orgullosa de pertenecer a uno de sus organismos por lo que incluso se llegó a hablar de un voto corporativo. Con el paso del tiempo y derivado de los malos gobiernos surgidos de ese mismo instituto político, un gran sector comenzó a manejar lo que se denominó un “voto de castigo” que a la postre derivó en la alternancia tan anhelada por millones de mexicanos. De ahí surgió un nuevo concepto: el de “voto útil” o el que identifica a un amplio sector de ciudadanos que no tienen su voto definido y que es hasta el momento de sufragar cuando determinan a quién entregarle su voto, siendo los que finalmente inclinan la balanza a favor de uno de los candidatos cuando la competencia se encuentra cerrada.

En democracias más avanzadas el voto diferenciado se asume como un comportamiento normal en estados fuertes y bien establecidos, mediante el cual los ciudadanos utilizan su sufragio para no otorgar a una sola fuerza política el control total de todos los espacios políticos, impulsando con ello el equilibrio entre los poderes públicos, en la gran mayoría de los casos, el Poder Ejecutivo y el Legislativo, así como entre los tres niveles de gobierno, entiéndase el federal, el estatal y el municipal.

Así que aquél candidato que le esté apostando a ganar tan sólo porque supone que su aspirante presidencial arrollará en forma abrumadora y le derivará fotos a su favor, está tremendamente equivocado. Lo mismo con el candidato a diputado que piensa que porque ya su partido lo hizo candidato en automático ganará gracias al voto duro o redes que se identifican con sus siglas, o el candidato al senado que cree que esgrimiendo propuestas que están fuera de su alcance por límite de facultades y de funciones, y que ya se siente en el escaño, pudiera llevarse una desagradable sorpresa.

Es que la ciudadanía ha aprendido a votar por la persona y no por el partido, de ahí que desde la elección del 2006 se comenzaran a registrar porcentajes distintos en los votos emitidos para Presidente de la República, Senadores y Diputados; incluso existe el registro de estados y de distritos donde  obtiene el triunfo el candidato presidencial de un partido, pero para el Senado y la Cámara de Diputados lo obtiene el candidato de otro partido.

De ahí que mucho se hable del binomio Partido-Candidato y de las transformaciones que esta dupla ha tenido derivado precisamente de la apreciación ya sea positiva o negativa que se tiene principalmente sobre los Institutos Políticos, me explico: Antaño, el ser candidato del partido hegemónico era garantía de triunfo, eran los tiempos en que se afirmaba que poniendo hasta una vaca de candidato, se ganaba. Enseguida ya la ciudadanía buscaba el equilibrio entre un buen partido y un buen candidato, esto propició que los que se consideraban “buenos candidatos” pero que no tenían el visto bueno de sus partidos para contender, emigraran hacia otros colores, pero siempre buscando no perder la afinidad ideológica.

Después ya no les importaba la ideología de partido sino obtener el registro solamente, lo que propició el desconcierto de la ciudadanía que finalmente ha optado por apoyar a la persona que más o menos haya guardado congruencia con sus principios. Por eso cuando el ciudadano ve desde su particular perspectiva partidos desacreditados con malos candidatos, de inmediato se haga la pregunta ¿y ahora por quién vamos a votar?  De ahí que surja la posibilidad de emitir un voto diferenciado que le permita elegir el antecedente, la trayectoria, la propuesta o incluso al aspirante menos malo sin considerar los principios, ideologías o documentos básicos del instituto que lo postula.

En consecuencia que resulte más recurrente que un mal candidato busque imponerse en uno de los partidos llamados grandes, pues así accede a los votos que por imagen no se le otorgarían y que un buen candidato lo haga con uno de los partidos emergentes o “pequeños”, pues supone que su propia imagen compensará lo anterior. De ahí que la ciudadanía diferencie su voto entre el partido y el candidato.

        El 1 de julio próximo habrá voto diferenciado.

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