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Inteligencia, ¿el tamaño del cerebro importa?

Inteligencia, ¿el tamaño del cerebro importa?

Existe una creencia de larga data de que hay un vínculo entre el tamaño del cerebro y la inteligencia. Un nuevo estudio muestra lo sorprendente que puede ser esta relación.

Durante más de 200 años, los científicos han buscado una revelación sobre este tema: tener un cerebro más grande ¿nos hace más inteligentes? Al principio, se basaban en medidas aproximadas, como el volumen de cráneo estimado o la circunferencia de la cabeza, pero la investigación se hizo más sofisticada en las últimas décadas cuando las imágenes de resonancia magnética (IRM) ofrecieron un informe preciso del volumen y de la actividad cerebral.

Sobre la idea de que el tamaño del cerebro puede definir el nivel de inteligencia, la respuesta no es tan simple, porque las ballenas tienen el cerebro notablemente más grande que los humanos y por ende, deberían ser más inteligentes. Por otro lado, Albert Einstein tenía un cerebro de tamaño promedio. “La explicación es que afortunadamente, hay mucho más en el cerebro cuando lo miras bajo un microscopio, y la inteligencia está más correlacionada con el volumen del lóbulo frontal y el volumen de la materia gris y las sinapsis, que con el tamaño del cerebro”, revela un blog científico de la Universidad de Stanford.

Sin embargo, un nuevo estudio recién publicado, dirigido por Gideon Nave de Wharton School de la Universidad de Pensilvania, en EE.UU. y Philipp Koellinger de Vrije Universiteit Amsterdam, en Holanda, aclaró la conexión.

Ellos utilizaron datos de MRI sobre el tamaño del cerebro en relación con los resultados de las pruebas de rendimiento cognitivo y las medidas de logro educativo obtenidas de más de 13,600 personas, y encontraron que, como han sugerido estudios anteriores, existe una relación positiva entre el volumen cerebral y el rendimiento cognitivo.

Pero cuidado, advierten los científicos, la verdad tiene muchos matices. “El efecto está ahí”, dice Nave. “En promedio, una persona con un cerebro más grande tenderá a rendir mejor en las pruebas de cognición que una con un cerebro más pequeño. Pero el tamaño es solo una pequeña parte del resultado: explica aproximadamente el 2% de la variabilidad en el desempeño de las pruebas. Por ejemplo, 100 cm2 de cerebro extra aumentaría los años de escolaridad de una persona promedio en menos de 5 meses” si la inteligencia se midiera en estos términos.

Koellinger dice que “esto implica que otros factores que no han ha recibido tanta atención a lo largo de los años, representan el 98% de la variación en el rendimiento de las pruebas cognitivas”.

¿Cuánto mide tu cerebro?

El estudio –que fue publicado en Psychological Science- se basó en un conjunto de datos acumulados del Biobank, un repositorio de información del Reino Unido. Éste incluye la información genética y sanitaria de los participantes, así como imágenes de escaneo cerebral. Los resultados se basan en un breve cuestionario que evaluó la lógica y la capacidad de razonamiento, pero no el conocimiento adquirido de los participantes.

“Es una analogía simplificada, pero piense en una computadora”, dice Nave. “Si tiene más transistores, puede calcular más rápido y transmitir más información. Puede ser lo mismo en el cerebro. Si tiene más neuronas, esto puede permitirle tener una mejor memoria o completar más tareas en paralelo” agrega.

Uno de los hallazgos notables del estudio se relaciona con las diferencias entre hombres y mujeres. “Al igual que con la altura, hay una diferencia bastante importante en el volumen cerebral entre los hombres y las mujeres, pero esto no se traduce en una diferencia en el rendimiento cognitivo”, dice Nave.

La importancia relativa del estudio

Los autores subrayan que si bien existe, la correlación entre el volumen cerebral y la inteligencia, es débil. Y nadie debería medir el tamaño de la cabeza de los candidatos durante el proceso de contratación laboral, bromea Nave, el investigador principal. Hay otros factores que influyen más en la inteligencia, tales como el estilo de crianza, la educación, la nutrición, el estrés y muchos otros datos que no se evaluaron específicamente en el estudio.

Pero sin embargo, podría ser útil este dato. “Tenemos la esperanza de que, si podemos entender los factores biológicos que están relacionados con el rendimiento cognitivo, eso nos permitirá identificar las circunstancias ambientales en las que las personas pueden manifestar mejor su potencial y permanecer cognitivamente saludables. Es como la punta del iceberg” reflexiona Nave.

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