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Las zonas erógenas: el misterio del cuerpo femenino

Las zonas erógenas: el misterio del cuerpo femenino

Esenciales para el placer y el erotismo, muchas veces son desconocidas por los hombres y, sobre todo, por las propias mujeres. Un reconocido sexólogo nos deja claves para descubrirla las zonas erógenas y aprender a disfrutar.

Las zonas erógenas son aquellas más susceptibles de producir deseo o placer erótico al ser acariciadas. Su conocimiento es de gran importancia, ya que la adecuada estimulación es decisiva para alcanzar la satisfacción sexual.

Existen en la mujer zonas más sensibles que otras. Siempre debe recordarse que, a diferencia del hombre que en este sentido es más genitalizado, todo el cuerpo femenino es una zona erógena. Muy pocos hombres lo perciben y, por eso, es clásico que la mayoría comience el acto sexual directamente con la penetración o, en el mejor de los casos, tocando los genitales de la mujer sin preámbulos. Y eso es, justamente, lo que inhibe o disgusta a las mujeres.

Siempre deben tener presentes las enormes variaciones individuales. Las zonas erógenas más importantes son la boca, las orejas, el cuello, la espalda en la parte de la columna vertebral, los pechos, la zona del ombligo e inmediatamente por debajo de él, las nalgas, las caderas y las rodillas. Pero no hay normas para esto, salvo una: cada mujer tiene un deber consigo misma y es el de conocerse, experimentar, elegir y comunicar sus preferencias.

Los pechos y la respuesta sexual

Han sido –y son- “la obsesión de los hombres”. Las mujeres saben bien eso y muchas de ellas viven también obsesionadas intentando mejorarlos, agrandarlos o reducirlos, según los casos. Contribuye a todo esto la lamentable publicidad que se hace explotando a las mujeres como objeto erótico, o el uso difundido de fotografías o imágenes de “cuerpos ideales”.

Pero no sentirse inferior por ser distinta del ideal y recordar que la sensualidad reside en varios factores simultáneos ayuda a la mujer a entregarse sin temores, tensiones ni vergüenza al acto de amar.

La mayoría de las mujeres disfrutan mucho de las caricias en los senos, algo que, afortunadamente, también la mayoría de los varones está muy dispuesto a brindar. Para los olvidadizos, siempre queda el recurso de guiar sus manos o su boca, o formularles el pedido expreso.

Tampoco debe creerse “anormal” aquella a quien ciertos roces le resultan molestos o, incluso, dolorosos, porque para ser eficaz, el estímulo de la región debe ser delicado y suave debido a su extrema sensibilidad. Si bien toda la estructura de las mamas es sensible, algunas zonas lo son más que otras. Su parte central es, evidentemente, la que más reacciona al tacto, ya que las terminaciones nerviosas de la areola y el pezón están conectadas con áreas especiales en el cerebro medio y la neurohipófisis.

La zona genital

La parte exterior más visible del aparato genital femenino –que recibe, en conjunto, el nombre de vulva- es hipersensible a las caricias.

– El vello pubiano. El vello que cubre el pubis y los labios mayores es altamente erótico. Las caricias sobre esa zona son tan estimulantes como placenteras.

– Labios externos e internos. Son sumamente sensibles al roce.

– El clítoris. Se encuentra donde se unen los labios vulvares, casi inmediatamente por debajo del pubis. Es un órgano complejo. Estimularlo es fundamental para la excitación sexual y lograr una adecuada lubricación y satisfacción femenina.

¿Qué es el famoso “Punto G”?

Es la zona vaginal descrita hace muchos años por un ginecólogo llamado Ernest Grafenberg, de cuya inicial proviene su nombre. Se localiza en la parte anterior de la vagina, algunos centímetros dentro de ella, en su parte superior o techo. Atención: no en todas las mujeres puede ser hallado con facilidad y no en todas tiene la misma sensibilidad. Pero casi siempre se constata que:

– La zona es fácil de estimular, en especial, con los dedos del compañero.

– Su estímulo, acompañado de todos los mencionados, puede ayudar a tener más satisfacción y orgasmos más intensos.

– En algunas mujeres –no en todas- proporciona una calidad de placer diferente.

Algunos mitos frecuentes… ¡Para derribar!

– Las mujeres con pechos pequeños son frías. Aunque leído así parece que es una tontería, varones y mujeres tendemos a asociar los grandes pechos –y,en general, la figura voluptuosa-con un temperamento apasionado.

– Hay penes que no se adaptan a la vagina. Entre adultos, no existe tal incompatibilidad.

– Hay vaginas muy cortas. Esta creencia es muy frecuente y ha producido no pocos desastres. A veces, una pequeña molestia durante el coito o durante el examen ginecológico lleva a pensar en una vagina corta o no desarrollada (infantil). Algunos médicos, con ignorancia, contribuyen a la divulgación de cuentos como este. Lo único que puede ocurrir es que se produzca la contracción espasmódica de algunos de los músculos en derredor de la vagina. El problema reside en la imposibilidad de relajar esos músculos y no en la conformación anatómica.

Juan Carlos Kusnetzoff es sexólogo, autor de “La mujer sexualmente feliz. Del mito a la verdad científica”, de Editorial Granica, de donde se extrajo esta columna / entremujeres.com

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