Los pulpos y los calamares deben su inteligencia a una rareza genética

Los pulpos y los calamares deben su inteligencia a una rareza genética

Los pulpos y los calamares deben su inteligencia a una rareza genética

NUEVA YORK – Los cefalópodos coleoideos, un grupo que incluye a los pulpos, los calamares y las jibias, son los invertebrados más inteligentes: los pulpos pueden abrir frascos, los calamares se comunican con su propio código morse y las jibias comienzan a aprender a identificar a sus presas cuando son apenas embriones.

De hecho, los coleoideos son el único “linaje animal que en realidad ha logrado una sofisticación conductual” aparte de los vertebrados, dijo Joshua Rosenthal, un científico sénior del Laboratorio de Biología Marina en Massachusetts. Esta sofisticación podría estar relacionada con una peculiaridad en la forma en que funcionan sus genes, de acuerdo con nuevas investigaciones realizadas por el Dr. Rosenthal y Eli Eisenberg, un biofísico de la Universidad de Tel Aviv.

Según un estudio publicado en la revista Cell a principios de abril, los científicos informaron que los pulpos, los calamares y las jibias usan ampliamente la edición del ácido ribonucleico (ARN), un proceso genético que se consideraba de poca importancia funcional en la mayoría de los demás animales, para diversificar las proteínas de su sistema nervioso. La selección natural parece haber favorecido la edición de ARN en los coleoideos, aunque reduce potencialmente la velocidad de la evolución basada en el ácido desoxirubonucleico (ADN) que normalmente ayuda a los organismos a lograr adaptaciones benéficas con el paso del tiempo.

El ARN actúa como un mensajero, pues transmite instrucciones desde al ADN hacia las proteínas constructoras en las células.

Sin embargo, en ocasiones las enzimas permutan algunas letras —las ACGU que quizá aprendiste en la escuela— del código del ARN por otras. Cuando eso sucede, el ARN modificado puede crear proteínas que originalmente no estaban codificadas en el ADN, lo que permite a un organismo añadir nuevas variaciones a su esquema genético base.

Esta edición del ARN parecía estar ocurriendo más en los coleoideos, así que el Dr. Eisenberg, el Dr. Rosenthal y Noa Liscovitch-Vrauer, un académico de posdoctorado de la Universidad de Tel Aviv, se propusieron cuantificarla observando desacuerdos en las secuencias de ADN y ARN de dos especies de pulpos, una de calamar y una de jibia.

Encontraron que los coleoideos tienen decenas de miles de los llamados sitios de recodificación, donde la edición de ARN tiene por resultado una proteína diferente de la originalmente codificada por el ADN. Cuando aplicaron los mismos métodos a los moluscos menos sofisticados —un nautilus y una babosa de mar— encontraron que los niveles de edición de ARN eran inferiores por órdenes de magnitud.

El Dr. Eisenberg y el Dr. Rosenthal encontraron que la edición de ARN está enriquecida en los tejidos nerviosos de los coleoideos, por lo que sospechan que contribuye a la complejidad conductual de esos animales, posiblemente permitiéndoles un control dinámico sobre las proteínas en respuesta a diferentes tareas o condiciones ambientales. Antes, el Dr. Rosenthal había mostrado que la edición de ARN podría ayudar a los pulpos a adaptarse rápidamente a los cambios de temperatura.

Pero, conservar sitios de edición de ARN puede haber conllevado un costo evolucionario. Cuando los investigadores observaron los genes de los coleoideos, encontraron que las mutaciones de ADN estaban marcadamente agotadas alrededor de los sitios de recodificación para ayudar a preservarlos. El resultado es que una porción significativa del genoma “realmente no puede evolucionar rápido”, indicó Rosenthal.

La evolución lenta “es un gran precio a pagar”, dijo el Dr. Eisenberg, porque las mutaciones de ADN por lo general son la fuente de nuevas características adaptativas. Sin embargo, también sugiere que esa capacidad mayor de editar ARN “debe valer la pena” en términos de selección natural, afirmó.

The New York Times

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