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“Se las metimos doblada”, dice Taibo II de su nombramiento

“Se las metimos doblada”, dice Taibo II de su nombramiento

México.- “El lunes estoy tomando posesión del FCE gracias a la ley Francisco Javier Mina (risas y aplausos del público). Sea como sea se las metimos doblada; yo sé que me paso de lepero, pero si algo conquistamos este julio pasado fue el derecho a llamar a las cosas por su nombre, a los culeros culeros y a los enmascarados enmascarados”, respondió Paco Ignacio Taibo II a pregunta expresa sobre su llegada a la editorial.

Durante la presentación su nuevo duolibro, que contiene las novelas La libertad, la bicicleta y El olor de las magnolias, publicadas en un ejemplar reversible que ya va para su cuarta edición cuando apenas tiene cuatro meses en el mercado, el autor y su hermano Benito Taibo ofrecieron con gracia sus mentadas de madre antisistémicas, festejadas por uno de los públicos más numerosos que se han reunido en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara este año.
“Este es un libro dedicado a los cientos de periodistas que conozco, quienes en los últimos 20 años han estado en la batalla cotidiana en un país con censura e inseguridad también cotidiana”, dijo Taibo II en referencia a La libertad, la bicicleta.

Benito Taibo recordó que su padre Paco Ignacio Taibo I jamás hizo deporte, pero cuando entró a trabajar en un periódico regional del norte de España en Gijón, de donde es su familia, descubrió que una de las posibilidades para salir de su país sumido en la dictadura franquista y vivir así fuera temporalmente aires libertarios, era a través de convertirse en cronista deportivo de ciclismo profesional.

“Si uno empezaba con la Vuelta a España, seguía el Tour de Francia, y papá sin saber una puñetera palabra de ciclismo decide hacerse cronista de ciclismo”, dijo Benito Taibo.

Los hermanos recordaron que la aguda y solidaria visión de su padre se refleja en sus crónicas, varias de ellas contenidas en el libro, siempre con las enseñanzas del abuelo (Benito) por delante y su máxima de que si vas a ser periodista, se tiene que ser también los ojos del ciego, la voz del mundo y los oídos del sordo.

“Papá lo primero que hizo cuando fue a París fue ir a ver libros antifranquistas. Pasaba junto al mostrador de las librerías, veía los títulos, no tenía mucho dinero y no los podía comprar porque además decía que luego, al regresar, lo revisaría la guardia civil española. Logró la libertad por el extrañísimo camino de la crónica ciclista”, dijo Taibo II.

Benito Taibo explicó que la lógica de las crónicas de su padre era hacer hincapié en cómo los ciclistas quedaban hechos pedazos por el peso de vehículos rodantes -no como los de ahora que pesan algunos sólo tres kilos- y los convirtió en modernos héroes.

“En vez de ir a la cabeza del tour francés, donde iban los líderes, papá decidió con su olfato y ganas de contar historias, tal vez influido un poco por (Ernest) Hemingway -que estaba prohibido en España-, relatar el esfuerzo de quienes iban en los últimos lugares, historias de hombres que iban sangrando de las piernas, con forúnculos rojos. Desde mi humilde punto de vista logró cambiar la lógica de las crónicas de ciclismo”, agregó.

Taibo II suspiró y, emocionado, dijo: “Mientras lo escribí papá estaba conmigo. Yo hablo con fantasmas, es condición natural de los escritores, durante dos años el Che me hablaba por las noches. Entonces escribir La libertad, la bicicleta era un ejercicio fabuloso, mi papá me hablaba, me daba palmaditas en la espalda, hacía tiempo que no lo veía y me resultó muy grato recordar a Paco Ignacio Taibo I, gran amigo y estupendo periodista”.

Los hermanos recordaron, mirándose los ojos detrás de sus antiparras, la constante frase de Taibo I, quien decía que era inmortal pero que si se moría “reencarnaría en una bicicleta”.

Benito Taibo dijo que su hermano encontró muchas de las crónicas de esas competencias que, alguna ocasión, tuvieron al borde de la muerte a su padre, pues viajando en un jeep abierto el vehículo pegó contra un muro de piedra y Taibo I salió volando y cayó de espaldas encima de una piedra que lo dejó con múltiples fracturas.

“Cuando aparecieron estas dos novelas, me puse muy contento, porque en una estaba el espíritu de nuestro padre al que siempre llamamos el jefe, y no por un tema jerárquico sino por la absoluta conciencia de que sí lo era”, añadió.

Taibo II dijo que se puso a escribir ambos libros para darse unas vacaciones de sus libros de historia.

“Me di la beca Taibo, que consiste en escribir lo que me sale de los tompiates. La clave es que mi padre elige ser cronista de ciclismo profesional como un camino hacia la libertad y así me puse a reconstruir esta historia padre-hijo, la batalla del periodista por hacer periodismo, a rescatar las historias de estos héroes”, dijo.

Respecto a El olor de las magnolias, novela que está del otro lado del libro en formato reversible, Taibo II dijo que en términos generales es la historia de un grupo de migrantes italianos que viaja de Nápoles a Veracruz, convocados porque los consulados mexicanos en Europa a nombre de Porfirio Díaz, quien invitaba a campesinos europeos para crear zonas blancas de contención contra los campesinos indígenas.

La Jornada

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