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Violencia en las escuelas: qué deben hacer los padres

Este fenómeno actual le pertenece a la sociedad entera y no a un sector, como pueden ser los docentes o los padres. Siempre existieron los conflictos sociales entre escuela y familia pero nunca han sido tan virulentos ni tan visibles.

Sabado, 19 mayo 2012.- Lo primero que debemos diferenciar es que la violencia escolar son los episodios que ocurren dentro de los establecimientos educativos y le pertenecen; son generados por el sistema. Un ejemplo típico de violencia escolar es el manejo, por parte del docente, de la calificación para generar coerción sobre la conducta de sus alumnos. En cambio, la violencia en las escuelas, que es la que preocupa en la actualidad, es violencia social que irrumpe dentro de los establecimientos educativos: violencia callejera, violencia familiar, uso y abuso de sustancias tóxicas, portación ilegal de armamento, etc.

Diferenciar esto permite comprender que este fenómeno actual le pertenece a la sociedad entera y no a un sector, como pueden ser los docentes o los padres. Siempre existieron los conflictos sociales entre escuela y familia pero nunca han sido tan virulentos ni tan visibles.

Los medios masivos de comunicación, tales como las redes sociales hacen que todo sea inmediato e instantáneo. Los niños y jóvenes viven en un mundo vertiginoso que les permite acceder a bienes y servicios a una edad en la que no están preparados para eso y les genera una falsa libertad. Esta autonomía anticipada los hace sentir omnipotentes y les da cierta impunidad para hacer casi cualquier cosa. Esto se desarrolla porque los niños y jóvenes de hoy se manejan en un mundo en el que los adultos no logran sostener las normativas. La disciplina y la autoridad aparecen vinculadas a situaciones de sometimiento y no al orden y al respeto que se necesitan para la convivencia.

¿Qué deben hacer los padres?

* No permitir que los hijos accedan tempranamente a bienes y servicios que están indicados para edades mayores.

* No permitir reuniones entre adolescentes en donde circula alcohol sin la presencia de un adulto responsable.

* Decir que no frente a las demandas de permisos para concurrir a lugares donde se vende alcohol a menores, porque esto permite el acceso a otras sustancias.

* Decir que no frente a la demanda de manejar dinero excesivo o la utilización de autos o motos a una edad no permitirá por la ley.

* Generar una red de contactos entre los padres de los amigos de los hijos para estar al tanto de con quién se manejan cuando no están en casa.

* Acceder a las redes sociales en las que navegan nuestros hijos a fin de monitorear por dónde van sus búsquedas y qué tipo de amistades aceptan. Y, si los hijos no dan las claves de las redes sociales, se debe prohibir su utilización.

* Dar información sobre los diversos accesos problemáticos que pueden encontrar en las redes sociales y los peligros que los pueden impactar.

* Hablar con los hijos sobre los temas que los convocan en la actualidad y los modos en que la era consumista los esclaviza haciéndoles creer que necesitan todo lo que adquieren.

* Participar de la vida escolar, no sólo para hablar del proceso de enseñanza aprendizaje, sino para internalizar a la escuela como un lugar posible de contención.

* Lograr con los hijos “acuerdos” y no “negociaciones mercantilistas” que terminan diluyendo el vínculo afectivo y transformando a los hijos en buenos comerciantes y no en buenos hijos.

* No pretender satisfacer permanentemente a los hijos, la frustración es una buena experiencia y prepara para la vida en comunidad.

Fernando Osorio, psicoanalista y escritor. Autor del libro: Violencia en las Escuelas, de Noveduc Libros

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